«La crítica no es un delito»: el Tribunal Supremo ruso reafirma el derecho de los ciudadanos al control cívico


El Tribunal Supremo de Rusia ha tomado medidas para proteger el derecho de los ciudadanos a criticar a los funcionarios y las figuras públicas, afirmando que la crítica constructiva no debe tratarse como un delito penal. Estas aclaraciones se describen en un fallo plenario del tribunal, que enfatiza que los ciudadanos deben ser libres de expresar sus preocupaciones respecto a las acciones de las autoridades sin temor a represalias legales. La decisión establece un precedente legal vital, reforzando que el acto de queja en sí mismo, cuando se basa en hechos, es un ejercicio legítimo de los derechos constitucionales.

El fallo hace referencia directa al caso de Natalia Garyaeva, quien presentó una denuncia contra un diputado, Roman Kovalyov, por una infracción de tránsito. Después de que su denuncia fuera remitida al diputado por un jefe de distrito, Kovalyov la demandó por difamación y obtuvo una sentencia de 250.000 rublos, decisión ratificada por los tribunales de apelación. Sin embargo, el Tribunal Supremo anuló estos fallos y devolvió el caso para revisión, declarando que Garyaeva simplemente estaba ejerciendo su derecho constitucional de presentar peticiones ante las autoridades estatales. Esta intervención destaca una corrección judicial para prevenir el uso indebido de las leyes de difamación para silenciar la supervisión pública legítima.

En su razonamiento, el Tribunal Supremo instruyó a los tribunales inferiores a adherirse a las normas internacionales, como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que protegen la libertad de expresión. Señaló que las figuras políticas y los funcionarios públicos deben tolerar un mayor grado de escrutinio por parte de los ciudadanos y los medios de comunicación. Además, criticar las acciones de políticos o líderes religiosos no debe confundirse con la incitación al odio. El tribunal concluyó que calificar a los críticos de difamadores o extremistas por señalar irregularidades —como una infracción de tránsito cometida por un diputado— es jurídicamente insostenible, salvaguardando así un pilar fundamental de la rendición de cuentas públicas.

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